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LOS ENTORNOS Y LA DINÁMICA FAMILIAR.- A PROPÓSITO DE CASUÍSTICAS

 

Por:  Ps. Rocxana Croce

 

 

Uno en la vida escoge muchas cosas: una comida, una amistad, un auto, una profesión, un amor, una casa, un hobbie, un libro, etc. Pasamos la vida en ello, pero lo cierto es que no escogemos la familia donde nacemos.

 

El manejo de experiencias en el campo profesional, permiten tener al alcance una serie de enriquecedoras posibilidades para entender y trabajar en función al ser humano.

 

Sin ánimo de ser poco confidentes o traspasar los límites de la ética, quiero aprovechar para poner en tono de aporte, algunos alcances al respecto.

 

Centraré el análisis  en aquellas circunstancias  donde el ser humano se vuelve el centro de la atención y/o preocupación de un hogar, donde la triada de  (1)Control-Protección-Armonía  se hace evidente en las relaciones humanas.

 

 

 

 

 

AUSENCIAS PARENTALES

 

Encontramos diversas situaciones donde  la ausencia de los padres por diversos motivos desencadena muchas veces, conductas desestabilizadoras tanto a nivel personal como a nivel de grupo.

 

Explicando: El niño en su desarrollo bio-psico-social, demanda una serie de atenciones.

Inicialmente son prioritarias las atenciones físicas (nivel de Protección y Control) como los cuidados, limpieza, alimentación, higiene.…todo ello va apareado a las atenciones afectivas, aquella parte de la personalidad del infante va desarrollándose.

 

Ese alimento tierno, el abrazo, las caricias, las palabras serenas de los padres constituyen el repertorio necesario para que la persona pueda vivir en esta vida de manera sostenida.

Vivimos una época que las circunstancias laborales sobre todo y/o las relaciones de pareja,  señalan un giro en las historias de vida familiar.

 

 Sucede que en coincidencia o no coincidencia, existe en muchos casos la necesidad de emigrar del hogar con vista a un “futuro mejor”o “empezar una nueva vida”.

 

 De ésta forma aquello que constituía un núcleo familiar termina por separarse y así, la familia tiene que reestructurar su dinámica para seguir viviendo.

Sin embargo, esto que a simple vista pareciera sencillo con un “reacomodarse” no lo es tanto así.

(1)Atracciones Sociales.  http://transfuturo0.tripod.com

En su mayoría, las familias no están preparadas para enfrentar este tipo de cosas. Algunas veces, las separaciones afectivas y físicas no piden permiso, irrumpen sin más ni más.

 

Muchos niños y adolescentes “sufren” éstas ausencias, máxime si ambos progenitores son los involucrados.

 

Así encontramos niños o adolescentes que empiezan a decaer en sus historiales académicos, manejo inadecuado por parte de familiares reemplazantes: abuelitos, tíos, hermanos mayores, incluso ayudantes del hogar.

 

 No se hacen esperar cuadros de depresión en el peor de los casos, aislamientos, agresividad, hiperactividad exacerbada, mutismo, etc.

 

No descartamos tampoco la existencia de evoluciones saludables, donde  la ausencia de los padres no causa mayor alteración en los hijos. Pero no son siempre éstas las más usuales.

 

Se busca una serie de mecanismos que cubran estos vacíos, pero definitivamente que el orden se altera y los cambios para subsistir no se hacen esperar.

 

La terapéutica al respecto incide en trabajar con los lazos familiares más próximos a la par de afianzar la personalidad del involucrado o involucrados, usando una serie de técnicas de psicoterapia que coadyuven al logre del bienestar de la persona, objeto de la atención.

 

 

 

 

A PROPÓSITO DE “CHOQUES CULTURALES”

 

Cuando llegan de un punto lejano las personas trasladan no solo equipajes con cosas materiales, sino también  traen consigo sus recuerdos, sus hábitos, sus idiomas, sus jergas, sus ideas sobre la familia, el trabajo, las empresas,  su cultura.

El emigrar a un contexto socio-cultural diferente incide en las personas y sobre todo en la crianza de los hijos.

 

Sin embargo disponemos de la comunicación para poder trasladar las ideas.

La lengua es un vehículo de transmisión de la cultura y un fuerte vínculo social que une a un grupo de personas. Es uno de los aspectos prioritarios si se quiere que personas venidas de fuera puedan adaptarse a la sociedad que les está acogiendo. Si bien el idioma juega un papel vital, en la medida de lo posible se busca la mayor cantidad de lazos de conexión.

 

Encontramos que las personas muchas veces son reacias a modificar sus actitudes, de allí que, con los cambios y choques culturales cada vez mayores y con los procesos de globalización, se producen situaciones cada vez más conflictivas entre los nuevos habitantes, los antiguos habitantes con nuevas costumbres y el entorno en el que habitan.

Expongamos:  Una niña que vive en un hogar donde los patrones culturales son un poco diferentes, donde el idioma del que hablábamos constituye una barrera a veces difícil de traspasar, está por decirlo de algún modo, en el medio de dos culturas. No diremos en “desventaja” pues si se aprovecha bien la experiencia, resulta en el futuro, con más beneficios que pérdidas.

 

Ella es receptora de todo el bagaje familiar y también es receptora de la influencia del contexto socio-cultural donde pertenece en el “aquí y ahora”. 

Las aperturas a los vehículos de transición unas veces son recibidas de manera satisfactoria, con flexibilidad y a partir de ello se genera una suerte desarrollo positivo.

Vemos que es importante la aceptación de la historia propia, el reconociendo de sus raíces,  el tener una predisposición para las personas encontradas y de ello las relaciones que se deriven establecidas, las experiencias que se contraigan,  los problemas que se puedan ir resolviendo, las reflexiones sobre los mismos, lo que se vaya logrando, lo no alcanzado. Todo ello representa un esfuerzo por la adaptación  personal, sin perder la identidad.

 

En mi trabajo terapéutico  la experiencia con una infante de raíces orientales, que manifestó una apertura positiva te desde un inicio “reenganchamos” como se dice, demostró que se puede lograr una integración eficaz cuando hay voluntad y deseos.

A  la progenitora no le  fue  fácil entender y comprender al comienzo,  la necesidad del compromiso de la familia en tanto que se necesitaba afianzar lo avanzado con ayuda de parte de ellos. No fue fácil pero tampoco fue imposible conseguirlo.

 

Corroboramos que mientras más se es adulto, demora y es más lenta esa adaptación, ya que los sistemas de creencias y valoraciones están más enraizados y requieren de más tiempo y deseos para un cambio o entendimiento.

 

Luego de varias sesiones se llega a un punto de concordancia y trabajo en común que va dando resultados favorables en el desempeño de la menor.

 

Puedo comprobar que hay una apertura hacia el reconocimiento de otras formas de relacionamiento  se abren múltiples posibilidades de beneficios.

 Usando una forma sencilla de entendimiento con otra dosis de afecto, se ha logrado la comprensión e incluso las  respuestas son cada vez mejores en calidad.

De ello se desprende algunas conclusiones interesantes a compartir: La adaptación e integración son procesos graduales de autonomía e independencia de los involucrados (hijos-padres) que permiten participar de nuevos ambientes; se integra a su grupo de pares  a través de juegos colectivos, su capacidad de establecer vínculos con otros niños y su percepción de ser aceptado por ellos mejora notablemente; se da pie al  desarrollo de sentimientos de sana competitividad  acerca de sus habilidades como el reconocimiento de sus deficiencias, poniendo en juego estrategias de enfrentamiento.

“La familia es y necesita fortificarse, en medio de los desafíos que puedan presentársele, ya sea por ausencias o por efectos de choques culturales.”

 

Rocxana B. Croce Portocarrero

 

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