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LO PROPIO Y LO AJENO

 

Ps. Rocxana Croce P.

 

Educar en valores suena un tema atractivo y simpático, pero mucho más completo es  educar para proyectar y para perennizar.

 

Pero así de fácil a veces no resulta.

 

Imaginemos un salón de clases donde las carpetas brillan no por su cuidado sino más bien por estar pintadas, ralladas,  con nombres escritos, corazones dibujados, alguna tinta derramada y hasta punzadas sobre el mismo.

 

Una reunión en casa puede resultar divertida y para el recuerdo, pero puede ser que ese recuerdo se torne incómodo cuando en la sala encontramos que un cigarro hizo mella en la tela del sillón o cuando el piso de madera sufrió los estragos del alcohol derramado y no avisado para q se pueda limpiar.

 

 

¿Por qué es difícil conservar lo propio y lo ajeno?

 

A veces se hace necesario repetir una y varias veces la necesidad de cuidar las cosas que nos rodean, tanto nuestras como la de los demás.

¿Acaso estamos perdiendo el sentido del respeto? Parece que en muchas esquinas sí y eso incomoda y hasta perturba. Las cosas se vuelven menos discretas y se hace necesario estar muchas veces “alertas” para prevenir y cuidar.

 

Muchas personas necesitan tener carteles recordatorios y no solo hablamos de niños, sino de mayores que supuestamente tienen el criterio a la mano para saber diferenciar lo que es correcto de lo que no lo es. No olvidemos que las personas aprendemos por imitación.

 

Que importante es ser consecuentes con lo que se proclama. Pero no siempre es fácil este ejercicio.

Cuidar, respetar, diferenciar y tener claro las cosas se inculca desde niños, no se nace con ésta habilidad o capacidad; es preciso instaurarlo en el día a día, detrás de cada acto que percibamos incorrecto y estar alertas para modificarlo de inmediato y sin titubeos.

 

No se puede dejar milímetros de permisividad ante un hecho que no se ajuste a las más simples y esenciales formas de convivencia; de no ser así, estaremos como discos rallados “controlando”o recordando los actos que trasciendan el respeto.

La honestidad no se hará esperar.

 

 

Cuida tus cosas como propias y ajenas, de modo que sientas aquello como un acto muy tuyo, sin necesidad de hacerlo por presión, por el que dirán o por las consecuencias que puedan acarrear finalmente. Hazlo natural y convencidamente y no olvides:

 

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente.”

Proverbio chino

 

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