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EL SENTIDO DE EDUCAR EN LOS LÍMITES

 

Ps. Rocxana Croce P.

 

I

maginemos una cancha de football donde no existan las líneas que demarcan los límites. No habría forma de poder definir claramente hasta donde es válida una jugada o si la pelota cae o no dentro de la cancha. La palabra “limite” pareciera que indicara “coartar”  o “evitar” un crecimiento o avance. Pero la intención no es así. Va más bien por el lado de formar a los hijos en la protección y capacidad final de decisión al tener clara las cosas. Tampoco su aplicación está asociada a gritos y ordenes imperativas. Muy por el contrario. Con el establecimiento, conocimiento y claridad de los mismos, su aplicación no tiene porque ser confusa o traumática.

 

Cada familia tendrá sus propias reglas. El peligro puede estar en que los padres se olvidan de señalarlas y con eso recurran al grito o golpe. Los padres deben ser hábiles para negociar situaciones y no irse a extremos.

 

No olvidemos la dosis de PACIENCIA siempre necesaria en casi todos los aspectos de la vida.

 

Todos necesitamos  parámetros para organizarnos y poder desarrollarnos con seguridad y soltura.

Sin embargo establecerlas a veces no es tan difícil como ejecutarlas.

 

Pongamos el caso de una oficina donde las normas de conducta están dadas claramente. Se puntualiza los horarios para el ingreso, almuerzos y salida. Sin embargo hay dificultades  para que sean cumplidas por el señor  “x”. Las normas tienen una consecuencia y en éste caso podría por ejemplo ser  la reducción de un porcentaje del sueldo acumulando tres tardanzas. El señor incide las tres veces y se le aplica la sanción. Este puede apelar pero las reglas han sido claras y preestablecidas.

 

En un hogar donde las normas no son claras  se entorpecerá el desarrollo de la vida cotidiana pues pueden surgir situaciones discordantes donde no se sepa cómo actuar ante ello.

 

Si además se improvisa, la situación se complica.

 Por ejemplo, el  muchacho  se pasa horas de horas en el teléfono y no le llaman la atención por ello.  Puede pasar que llega el recibo con una cuota alta y el padre increpa desmedidamente al hijo, este reacciona airadamente, encima la madre defiende al hijo; se arma toda una situación de discordia.

 

Si este hogar tuviese pautas de conducta establecidas de antemano, no acontecería una situación similar.

 

 La relación que exista entre los padres y el apoyo que den a sus hijos, crean el clima emocional del hogar, formando un ambiente tranquilo, armónico, hostil, etc.

 

Establecer normas de convivencia y sus respectivas consecuencias viabilizaría el discurrir de un hogar, centro laboral u otro ambiente.

 

Lograr instaurar reglas es difícil, pero hay que recordar que los extremos son malos; aquí es donde entrará la habilidad de los padres para negociar la situación.

 

En las familias permisivas, los  límites a veces son muy amplios y pueden sugerir despreocupación que los padres manifiestan a sus hijos.

 

Las familias estrictas llegan a  exagerar los controles y pueden asfixiar el desarrollo de los hijos.

 

Entre estos dos grupos de familias, encontramos las familias democráticas, que brindan normas y valores con claridad, que ponen límites, pero son flexibles de acuerdo a las circunstancias, la edad, etc. y que es posible mantener una apertura al diálogo para llegar a un mutuo entendimiento. Hay entonces cierta flexibilidad dentro de los límites ya marcados.

 

A veces no prestamos atención sobre la importancia de “ponerse de acuerdo” en la aplicación de una norma o regla.

El padre dice “a” y la madre dice “b”; el hijo queda en el aire, desconcertado.

 

Se aconseja hablar un “mismo lenguaje”, de modo que no se interrumpan los canales de comunicación.

 

Por último, la educación es RESPONSABILIDAD COMPARTIDA por ambos padres y la aplicación de las normas, sanciones, reconocimientos y demás  aspectos de la formación de los hijos, se reparte en igual forma.

 

 

 

"No siempre el mejor camino es el más corto."

P r o v e r b i o   c h i n o

 

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